
Qué sabroso es sentarse, en pleno verano, como el que hace en Cuba, ¡porque esto sí es calor!, frente al televisor, en short y camiseta, a ver una buena comedia que te alegre el alma, con un ventilador de frente, a todo lo que da y con un vaso de limonada bien fría en la mano ¿verdad?, eso es vida, compadre, y estando así no envidio ni al más pinto de la paloma, pero para estar así, ha tenido que pasar mucho tiempo desde que el hombre vio por primera vez una descarga eléctrica “desguabinar” un árbol, hasta que logró mandar la corriente “por tubitos”.
No voy a hacer la historia de todo cuanto ha tenido que suceder, de las horas infinitas de miles de hombres a lo largo del tiempo para llegar a lo que hoy podemos disfrutar; sólo quiero compartir la modesta historia de la llegada de la electricidad a mi pequeño y amado pueblo, una historia que por pequeña no deja de ser interesante y puede parecerse a otras muchas historias.
En este 2012 celebramos los 72 años de la llegada de la corriente eléctrica a Buenaventura, alumbrado con bombillas desde el día 8 de junio, del pintoresco año de 1940.
El acontecimiento no ha sido olvidado por los más viejos avecindados, la primera plantica eléctrica fue instalada en una pequeña construcción, diseñada a tales efectos por su propietario, el emprendedor comerciante Juan Medina, para entonces ya dueño de una farmacia, un billar con todos los servicios, un servicentro con expendio de gasolina, aire y otras posibilidades y un cine teatro.
Medina instaló su planta en un local que estaba al lado de la escuela de su esposa Margarita Parlá, donde hoy radica una institución gubernamental destinada al Mantenimiento Constructivo de nuestro pueblo. La pequeña planta, sin embargo moderna para la época, daba corriente a unas 30 viviendas de las familias más solventes del poblado, al cine, a la clínica del doctor Eugenio Codina Boeras, a los bares y fondas del caserío y a la sede la “Union Club”, otrora Círculo Social y actualmente Casa de Cultura. El horario de luz estaba comprendido entre las seis de la tarde hasta las once de la noche, salvo en días muy especiales o circunstancias excepcionales, cuando por algún fallecimiento o celebración poco común, el interesado pagaba un poco más y Medina dejaba encendido el equipo.
Para 1948 el número de viviendas beneficiadas por la planta de Medina ascendía a 62 y cada familia pagaba un peso mensual por cada bombilla de 60 vatios, a razón de cinco horas diarias. Olvidaba decir que la planta y todas las líneas hasta los hogares eran atendidas por Alfredo Carreras, posteriormente vino un holguinero apodado “El Gallego” y ambos fungían como mecánicos y electricistas, mientras Pelayo Laza Parlá, hijo de Margarita, esposa de Medina, reparaba las líneas y otras instalaciones.
Así las cosas y andando el tiempo, el poblado siguió creciendo, la planta se deterioró, los ingresos no eran muchos y en el año de 1951 medina vendió su planta y las acciones a Crespi, un exitoso comerciante español radicado en la ciudad de Holguín y que había hecho una considerable fortuna en varios sectores, incluyendo el transporte. Crespi instaló entonces dos plantas de fabricación inglesa, cada una con generadores de 30 kilovatios, lo que le permitió brindar un mejor servicio a muchos más pobladores. Los ruidosos motores estaban ubicados en un edificio también construido a tales efectos, al lado de la fábrica de quesos de “Pombo García”, donde hoy radica una bodega conocida como “La Distinguida”. Les recuerdo que la fábrica de quesos que mencioné es asiento hoy de la farmacia nombrada “la Nueva”. Para entonces la planta de Crespi alumbraba a más de 130 viviendas, a la totalidad de los comercios y otros establecimientos, la iglesia y la logia. Los límites del área poblada de Buenaventura estaban determinados por la carretera hasta Pueblo Viejo, y desde la calle de la casa de Medina hasta la que pasaba por detrás del hospital de Nicodemus Regalado, donde precisamente estaba ubicada la mencionada planta de Crespi.
No obstante, un ramal brindaba corriente a algunas viviendas situadas en el camino hacia Sabanaso, hasta la casa del único “Catcher” o receptor zurdo que he conocido en la pelota de este territorio, Ramón Vera. Entre los aportes y ventajas de la nueva planta de Crespi estaban la extensión del horario de servicio hasta las doce de la medianoche, y por supuesto la calidad y estabilidad del mismo. Para entonces la tarifa crecía y ya se cobraba a treinta centavos el kilovatio consumido. Los nuevos motores eran atendidos por Ogier Paneque y Armando Gómez, excelentes electricistas, mientras que las reparaciones capitales y otros asuntos de envergadura los realizaban mecánicos que venían desde la ciudad de Holguín y estaban al servicio de Crespi. Ya para entonces, año de 1958, había unos 200 consumidores registrados.
La historia posterior es conocida, llegó la intervención de todos los grandes negocios particulares y en 1962 comenzó la construcción de una nueva edificación, más grande y que albergara equipos de mayor potencia, con el objetivo de llevar la energía hasta un mayor de casas posibles, local que fue erigido en una zona entonces lejana del centro de Buenaventura, y que hoy ha quedado en el mismo centro, me refiero al actual taller de carpintería. La planta quedó finalmente montada con dos motores marca Skoda, de 132 kilovatios cada uno, y dos de la marca Dorwan de 110 kilovatios, que estuvieron prestando servicio no sólo a Buenaventura, sino a San Agustín, Mir y Sabanaso. Así estuvimos hasta 1970, cuando finalmente nos instalamos al famoso sistema electroenergético nacional, conocido como “Guiteras-Holguín”.
Así, en parte, ha sido la historia de esa sabrosura que sentimos cuando nos sentamos en camiseta y short, con un vaso de limonada fría y un buen ventilador “a todo lo que da”, frente a la tele, en uno de estos insoportables veranos. Ahora que disfrutamos de los Juegos Olímpicos Londres 20012, recuerde esto y si le es posible, ahorre un poquito, por el bien del planeta, y por su bolsillo, claro está.




