Vista del poblado de Mir desde los balcones de la casa donde viviera Lidia Doce. Foto: Daer Pozo.Desde hace mucho tiempo el hombre ha ido ganando espacio en la historia. Las mujeres quedaron en un lugar oculto hasta que poco a poco se han ido emancipando, no sin esfuerzos y mucho tesón. Sin embargo, en honor a la verdad, la humanidad no hubiera existido jamás sin la presencia de la mujer. Eso lo sabe cualquiera, pero no todos lo reconocen.
En este día se habla de la mujer cubana, que ha dedicado su vida a la organización y a su familia, sus vecinos y a la obra de hacer el bien. Por eso me animé a escribir sobre lo que ha significado la mujer en ese hermoso y entrañable pedacito de tierra calixteña que es Mir, cuna de hombres grandes, que un día también fueron acunados en las faldas de mujeres íntegras y valientes.
No quiero mencionar nombres, porque estoy completamente seguro de que olvidaría alguno. Baste decir que Mir ha sido uno de esos lugares privilegiados en mujeres valerosas, mujeres que nacieron para dar hijos inmensos, y sólo citaré un nombre, que representa a la fémina de allí: Lidia Doce, criada con el ruido de los trenes, con el polvo de sus calles y con el calor de un poblado que para suerte de todos, mantiene casi intacta su estructura, como para que los jóvenes y niños de hoy lo vean, tal cual fue y seguirá siendo para el futuro.
En el poblado de Mir todos los días son para las federadas, todos los días los hijos de esa tierra celebran tener mujeres tan valiosas.