En Boca de Samá, Holguin, se inauguró el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, obra del artista Luis Silva. Foto: Ismael FranciscoEn Boca de Samá, Holguin, se inauguró el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, obra del artista Luis Silva. Foto: Ismael FranciscoLlegué a Boca de Samá a tiempo para ver la salida del sol, un sol entre brumas que se desperezó con calma, como quien se prepara para asistir al mejor momento de su vida.

Otras veces el pueblito costero se ha llenado con la luz de otras latitudes, pero siempre sorprende el momento mágico en que el recuerdo de la noche más dura para los habitantes de ese rincón cubano se mezcla con la memoria de muchos otros que también sufren heridas que no se ven, pero se afirman con fuerza en el corazón.


No hubo lágrimas en la audiencia, aunque estaban Giustino Di Celmo, el padre de Fabio; Josefa Portelles, la madre de Ramón Siam, uno de los asesinados en Boca de Samá. No hubo tristeza a pesar de que estaban los familiares de los Cinco, los hijos de los mártires de Barbados, a pesar de que estaba Nancy Pavón, como testimonio sublime y lacerante de cómo el terrorismo marca para siempre una vida. Hubo, eso si, mucha indignación, mucha firmeza y cientos de kilotones de esperanza.

Se alzaron voces de todas partes del mundo junto al mar, voces que condenaron el terror en todas su manifestaciones, porque terror no es solo poner bombas, terror es mucho más, es condenar a países dignos y hombres dignos, es utilizar las nuevas tecnologías para difundir planes con el objetivo de desestabilizar otras naciones, es enviar aviones no pilotados a asesinar civiles, es pisotear la dignidad de tantos y tantos pueblos en el mundo.  

Magalys Llort, la madre de Fernando, y Olga Salanueva, esposa de René, encabezaron con dignidad la comitiva que se pronunció junto al mar, con el viento insistente cargado de salitre, con el sol que no volvió a abandonarnos hasta que terminó el encuentro, con las donaciones de libros y otros medios para el museo de la localidad, y los pronunciamientos de la audiencia, que quedaron eternizados como un grito de lucha frente al océano.

Fue, para Boca de Samá un día distinto, un día que se inscribe en la historia ya voluminosa del caserío de pescadores como una muestra de lo que pueden hacer los pueblos cuando luchan juntos por un ideal. Valió la pena recibir el sol, pues el día fue de los que no se olvidan jamás.